4.5.12

Maratón de Madrid, crónica de un novato (parte 3)


Km 25: tras pasar el puente del Rey entramos en la Casa de Campo. Justo en el avituallamiento me percato de que unos metros por delante de mi va corriendo un hombre de bastante edad que va medio retorcido. Pienso que es una extraña manera de correr, pero cuando va a por el agua tropieza y se mete una costalada impresionante. Yo voy en bajada, no me puedo frenar y le esquivo como puedo, y lo mismo hace una chica que corre a mi lado. Miramos atrás y el hombre ya se está levantando. No lo volví a ver.

Km 31: llegamos a la cuesta de Lago. Antes, en el transcurso de la carrera por la Casa de Campo empieza a dolerme la rodilla derecha. Es un dolor inesperado. Antes de empezar el maratón mi principal preocupación era una molestia que desde hace semanas arrastro en la cadera izquierda. Pero resulta que lo que me duele es la rodilla. Por suerte, llevaba conmigo un ibuprofeno que me alivia el dolor a los pocos minutos. Sin embargo, con lo que no puede esta pequeña ayuda es con el cansancio. Noto que mis pulsaciones van en aumento y decido bajar un poco el ritmo. Todavía queda mucho. En cada avituallamiento me hidrato bien, y en el kilómetro 30 nos ofrecen geles para cargar energía. Yo sólo tomo uno, porque nunca los había probado y no quería arriesgarme a que me sentara mal. Por suerte, no lo hace. Y entonces llegamos al kilómetro 31, la cuesta de Lago. Es un repecho no muy largo, pero muy empinado y se hace muy duro a estas alturas de carrera. En él viví por unos instantes lo que deben sentir los ciclistas que ascienden el Tourmalet. Muchísimos espectadores están apostados en este punto formando un estrecho pasillo por el que pasamos los corredores con más pena que gloria. El ánimo que da el público es impresionante y, a pesar de la dureza del recorrido, vivo uno de los momentos más intensos y emocionantes del maratón.

Km 34: pasamos sobre el puente de San Isidro, dejando el estadio Vicente Calderón a nuestra derecha. El dolor de la rodilla ha remitido, pero me empieza a doler el cuádriceps de la misma pierna. Cuando no es una cosa, es otra. Pienso en parar, pero me digo que si paro no arranco. Voy adelantando a otros corredores que ya van caminando. Todavía nos queda lo peor.

Km 35: aquí empieza la fiesta. Tras un kilómetro de llaneo y bajada, comienza la subida que ya nos acompañará casi hasta el final de la carrera. La primera rampa es muy empinada y la paso como puedo. Por suerte, la inclinación de la subida se suaviza un poco, pero a estas alturas dar un paso detrás de otro cuesta horrores. Pasamos Pirámides y la glorieta de Embajadores. Cada vez veo a más gente caminando, y la tentación de seguir su ejemplo es fuerte, pero pienso en el objetivo de bajar de las cuatro horas y me obligo a continuar. Estos kilómetros se me hace eternos y comienzo a vislumbrar claramente mis límites físico y mental.

Sufriendo en el kilómetro 38 (foto de Sebastián Navarrete, www.fotorunners.blogspot.com)


Km 40: pasado Atocha, en la calle de Alfonso XII, de nuevo una buena tachuela para encarar el tramo final. Sobre la acera veo a las asistencias médicas atendiendo a un corredor tumbado en el suelo. A pocos metros de mí, una mujer no puede más y se para en seco. Sus acompañantes la animan a seguir caminando y el público la anima a continuar. Yo voy clavado, pero continúo unos metros hasta que mi cuerpo deja de correr. Me sorprendo a mí mismo caminando. No soy consciente de haber dado la orden de parar, pero parece que mi subconsciente buscaba una excusa para tomarse un descanso y lo encuentra en esos corredores que prosiguen su marcha caminando. Pero no le dejo que se acomode. Ya queda muy poco y hay que acabar, y acabar corriendo.

Km 41: acabamos de pasar la Puerta de Alcalá. Ya sólo queda el último repecho antes de entrar en el parque de El Retiro. Lo que reste será en bajada. El público no deja de animar y el sufrimiento ha dejado paso a un sentimiento de euforia. No puedo dejar de sonreír ante los gritos de ánimo de la gente a sus amigos y familiares corredores. Alguno se para a saludar y hacerse una foto. Yo sigo hacia delante y apriento el paso. Ya no queda nada.

Km 42,195: el último tramo se me hace muy corto. El colorido y el ambiente de la llegada es tremendo y llego a emocionarme. Entro en meta con un tiempo real de 3 horas, 57 minutos y 26 segundos, pero ni siquiera me doy cuenta. Siento una mezcla de cansancio mortal, satisfacción plena y emoción a flor de piel, y se me pasa parar el cronómetro hasta un rato después de haber llegado. Lo conseguí. Me he demostrado que puedo. Soy feliz y quiero compartirlo con Tere y con Álex. Pero encontrarlos se convierte en otra aventura.

1.5.12

Maratón de Madrid, crónica de un novato (parte 2)


Km 0: al pasar junto a la estatua de Colón nos encontramos con el primero de los grupos de rock apostados a lo largo del circuito. Lo escucho apenas unos segundos, pero el cantante se pone a animarnos y eso me hace empezar el maratón de buen rollo. Además, la cantidad de gente apostada a un lado y otro de la calle no deja de jalear. Las piernas empiezan a moverse y los nervios iniciales a disiparse.

Foto de Sebastián Navarrete (www.fotorunners.blogspot.com) en el kilómetro 1. ¡A ver quién me encuentra entre la marabunta! (y que conste que en esta foto aparezco)


Km 1: termino el primer kilómetro en algo más de seis minutos, a la serpiente de corredores le cuesta despertarse y hay que ir esquivando a la peña a duras penas. De todas maneras, no me preocupo y me centro en disfrutar del espectáculo: corredores disfrazados, otros equipados hasta lo absurdo, público animando en las aceras y puentes sobre el paseo de la Castellana, gritos de ánimo... creo que paso ese primer kilómetro y los cinco o seis siguientes con una sonrisa de oreja a oreja.

Km 3: pasamos junto al Santiago Bernabéu al grito de "¡¡campeones, campeones, oeoeoe...!!" ¡Los pelos como escarpias! Justo al pasar el estadio nos separamos de la carrera de 10 km. Corredores de una y otra prueba nos aplaudimos y damos ánimos. ¡Emocionante!

Km 5: poco antes de llegar a la plaza de Castilla, primer avituallamiento. Pillo un botellín de agua, pero apenas bebo unos sorbos y tiro el resto en uno de los numerosos contenedores colocados a continuación. Aquí se ve la poca cabeza que tienen algunos corredores, que en vez de acercarse al contenedor a tirar los recipientes prefieren probar su puntería y los lanzan a distancia, un peligro para el resto de corredores y para los espectadores. Todavía vamos en un pelotón muy compacto, pero se puede empezar a correr a ritmo. El mío, algo más de cinco minutos y medio por kilómetro a las mismas pulsaciones a las que normalmente voy a cinco minutos pelados. Ya intuía que el tiempo no iba a ser demasiado bueno, pero había que acabar como fuera.

Km 9: en la avenida de Pío XII hay una gran recta que me permite ver a todos los corredores que tengo por delante y a los que tengo por detrás. En ambos casos la masa de maratonianos se difumina en el horizonte. Yo estoy justo en el medio de ese gran coloso multicolor, y me encanta. La sensación se repite en torno al kilómetro 12, en la recta que nos lleva hasta Cuatro Caminos. La gente no deja de animar, y eso me impulsa de veras. Además, ya voy pensando en el encuentro con Tere y Álex en Callao. Voy bien, estoy disfrutando y todavía no se ha cumplido la hora de carrera.

Km 17: llegamos a Fuencarral. En los últimos kilómetros la carrera ha transcurrido en una suave bajada que lo ha hecho todo mucho más fácil. Voy de lujo con unos tiempos muy modestos pero sintiéndome fenomenal. Es lo que tiene correr por sensaciones. Cuando enfilo Gran Vía, me encuentro con la sorpresa de que la familia me espera a escasos metros del hotel, un poco antes de donde habíamos acordado pero en un sitio idóneo para poder pararme unos segundos a saludar sin entorpecer el paso del resto de corredores. Me cargo de energía y vuelvo a la carrera. Ya no los volveré a ver hasta meta.

Km 21: después de pasar Sol, la Calle Mayor y el palacio Real llegamos al medio maratón. Mi tiempo es de 1 h. 54 min. 39 s., unos diez minutos más lento que mi tiempo normal en esta distancia. Aquí constato que no puedo aspirar más que a bajar de las cuatro horas, porque las fuerzas ya empiezan a escasear y no puedo pretender mejorar la marca. Aquí empieza el verdadero maratón.

27.4.12

Maratón de Madrid, crónica de un novato (parte 1)

El pasado domingo participé en el Rock'n'Roll Maratón de Madrid, el conocido hasta el año pasado como MAPOMA. Fue mi primer maratón, un objetivo que se me metió entre ceja y ceja hace unos meses y que cumplí contra viento y marea. Atrás han quedado muchas horas de entrenamiento, kilómetros y kilómetros de preparación bajo todo tipo de condiciones climatológicas, físicas y anímicas, buenos y malos momentos que contribuyeron, cada uno a su manera, a que alcanzara la meta. Y creedme, todos ellos merecieron la pena.

¿Por qué me empeñé en correr un maratón? Principalmente, para probarme a mí mismo que podía hacerlo. Comencé a correr más o menos regularmente hace año y medio, y poco a poco la idea fue tomando forma en mi cabeza. Desde que empecé a participar en algunas carreras populares que tienen lugar por Asturias sabía que el objetivo final sería completar un maratón. Tenía que hacerlo. Sin ser una obsesión, la idea sí que se convirtió en una necesidad vital, y el hecho de poder compartirla con mi chica y con mi hijo la hacían mucho más especial.

Así que hace unos meses comencé a prepararme en serio para completar los 42.195 metros en los que consiste la prueba. Días de rodajes cortos, de series y de rodajes largos se fueron sucediendo hasta el pasado fin de semana. Antes de llegar a Madrid, el jueves hicimos parada de una noche en Ávila, ¡y vaya noche! A los pocos minutos de meterme en la cama empecé a respirar mal, a toser y a producir mocos de manera continua. Me tuve que levantar varias veces de la cama, apenas dormí unas horas y llegué a pensar que el maratón se había terminado antes de empezar. Por suerte, la visita que realicé a la farmacia a primera hora de la mañana evitó el golpe. Una vez llegamos a Madrid me encontraba mucho mejor, pero el susto perduraba. Había que probarse.

Trotando por el centro de Madrid el sábado por la mañana, último entrenamiento
Y eso hice. El sábado por la mañana salí a trotar unos minutos por las calles del centro madrileño. Tras subir y bajar Fuencarral comprobé que los pulmones no se quejaban y me quedé tranquilo. Iba un poco acelerado de pulsaciones, pero nada que me impidiera tomar la salida al día siguiente. Respiré.

La Pasta Party en la Casa de Campo
Ese mismo día fuimos a recoger el dorsal a la Feria del Corredor ubicada en la Casa de Campo. Ahí es donde por primera vez me di cuenta de la dimensión de la carrera en la que iba a participar. Cientos de personas llenaban el recinto y hacían cola para participar en la Pasta Party, que no es otra cosa que una comida multitudinaria en la que corredores y acompañantes comparten un plato de pasta que ayudará a acumular fuerzas de cara a la carrera. El speaker ya nos avisaba de lo que nos esperaba al día siguiente: "a competir sólo vienen 15 personas, pero los corredores populares, que somos los que de verdad hemos hecho grande este deporte, tenemos que centrarnos en disfrutar. Os acompañan vuestras familias y amigos y tiene que ser un día de fiesta. Escuchad a vuestro cuerpo, el dolor es un aviso y no merece la pena arriesgarse. Hay más maratones. Sed conscientes de que Madrid está a cierta altura y el cuerpo no responde igual que al nivel del mar". Buenos consejos, aunque retirarse después de tantos meses de entrenamientos y de desplazarse desde Asturias no sería nada fácil. Era mi última opción.
Todo preparado para la carrera el sábado por la noche
El día transcurrió entre visitas a amigos y la victoria del Madrid al Barça, gran culpable de que no durmiera gran cosa la noche previa a la carrera. Y no por la emoción de ser un reconocido madridista, sino por el ruido que provocaban las bocinas de los coches y los cánticos de los seguidores que se oían desde la habitación del hotel y que no cesaron en toda la noche. Aún así, logré dar alguna cabezada hasta el toque de diana a las seis de la mañana.

Estanque del parque del Retiro a las siete y media de la mañana del domingo
Guardarropa del maratón
Corredores en las inmediaciones del guardarropa. Una hora para el inicio de la carrera
Después de desayunar, pegarme una ducha para acabar de despertar y estirar un poco, cogí la bolsa y partí hacia el guardarropa que estaba ubicado en la línea de meta, en el parque del Retiro. Cuando llegué apenas eran las siete y media de la mañana, pero aquello ya estaba muy concurrido. Hacía tiempo que los nervios se habían hecho fuertes en mi estómago y el desayuno empezó a bailar rock'n'roll, pero ya era tarde para evacuaciones de última hora. Me despojé del chándal, entregué mi bolsa en el guardarropa y, tras una parada en boxes para vaciar la vejiga, comencé a trotar en dirección a la línea de salida ubicada en la plaza de Colón. Cuando llegué, miles de personas copaban ya el paseo de Recoletos. Busqué mi cajón de salida y me sumergí en la marabunta. Como una sardina en lata, apenas tenía espacio para estirar un poco y botar en el sitio para mantener el cuerpo en calor. A las nueve en punto adiviné a lo lejos el sonido del pistoletazo de salida. Poco a poco, caminando, la masa de gente se fue moviendo hacia adelante, y yo con ella. Pasaron un par de minutos hasta que pudimos empezar a trotar ligeramente, y otros tres hasta alcanzar la línea de salida. Los primeros habían salido cinco minutos antes, pero mi maratón comenzaba ahora.

16.4.12

Huevos revueltos

El inefable Howard Webb será el encargado de pitar mañana el Bayern-Madrid. Para los despistados, comentar que se trata del mismo colegiado que pitó la final del Mundial de Sudáfrica en la que casi parten a Xabi Alonso por la mitad. Recupero para la ocasión una caricatura que le hice con ocasión de un Milán-Madrid. Escalofríos me entran, oigan...

2.4.12

¿Información? No, publicidad.

De un tiempo a esta parte me llama la atención el recurso de los medios de comunicación a hacerse eco de declaraciones que los jugadores de fútbol realizan a sus patrocinadores. El último ejemplo ha sido el de Xabi Alonso y Kaká hablando de la situación del Madrid en la Liga mientras conducían un Audi por las calles de Madrid, pero hay muchos otros. Las marcas realizan una pequeña entrevista a sus estrellas y luego la distribuyen a los medios para que éstos se hagan eco de sus palabras y, de paso, les hagan publicidad.

A mí estos métodos me asquean, pero es lo que hay. Los medios de comunicación españoles dependen de esas mismas marcas para subsistir y prefieren tragar con estas prácticas antes que exigir que los deportistas les hagan las declaraciones a ellos y contesten a sus preguntas. Luego veo las entrevistas que los periodistas estadounidenses hacen a los jugadores de la NBA en los vestuarios dos minutos después de terminar el partido y pienso que nos queda mucho que aprender. Como siempre, algún día...

28.3.12

Gallardón protagoniza 'Esencia de mujer'

"La libertad de la maternidad es la que hace a las mujeres auténticamente mujeres", Alberto Ruiz-Gallardón, ministro de Justicia.
"Ni una mujer es menos mujer por no ser madre, ni un hombre es más inteligente por ser ministro", Patricia Hernández, diputada socialista.

Olé.

PD: todos los mocitos quieren bailar con UPyD (alguno más enfurruñado que otros), y mientras, Asturias sigue en vilo.