Sí, con esa frase se puede resumir toda mi opinión al respecto, aunque ahora pasaré a desarrollarla un poco.
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| Recupero para esta entrada la caricatura de Natalio Grueso que realicé el año pasado para los premios de la APCA. |
La permanencia de Grueso en la dirección de la Fundación no era lógica. Después del trabajo de acoso y derribo realizado a tres turnos por el Gobierno del Principado, la Fundación del Niemeyer había perdido su función como herramienta de desarrollo del centro. ¿Para qué iba a quedarse un profesional de la capacidad de Grueso en Avilés, para gestionar la nada? Y dada la situación, ¿a quién puede extrañar que nuevos proyectos llamaran a su puerta? ¡Ya tardaban!
Cierto es que dentro de unos días se celebran elecciones, que lo que salga de las urnas puede volver a cambiar la orientación que se dé al centro y devuelva su gestión a la Fundación, pero no es menos cierto que los acontecimientos vividos en los últimos meses han dejado a ésta hecha unos zorros, y supongo que la paciencia y la incertidumbre tienen un límite.
En estas líneas no voy a realizar lecturas de la marcha de Grueso en clave política (ya sabéis, que si significa una venganza del PP contra Cascos, que si Grueso traiciona a Areces al pasar a trabajar con Botella, que si chaquetas por aquí y por allá...). Pero sí que pienso que con él se va lo que fue el Niemeyer antes de FAC. Incluso antes de que se construyera el edificio, la marca Niemeyer ligada a Avilés sonó con fuerza gracias a la agenda de Grueso. Eso es innegable. Es una realidad y también una de las principales debilidades achacadas al centro, que tras las elecciones deberá demostrar que puede sobrevivir a la marcha de Grueso (y a la crisis, no lo olvidemos) con una programación de calidad, si es que sus muros todavía permanecen en pie tras el paso de Vallaure.
Recuerdo que hace unos meses dediqué una entrada a la polémica generada por FAC en torno al Niemeyer y la gestión de un centro que se quedaba incluso sin nombre. Entonces decía que no se podía opinar acerca de una programación de la que nada se sabía, y a día de hoy las cosas no es que hayan cambiado mucho. De las patas que sostienen la programación del Niemeyer, sólo la música sobrevive con cierta dignidad. El resto es para echarse a llorar: la oferta teatral es de casa de cultura, de exposiciones (casi) nada se supo, el cine ni está ni se le espera, la torre mirador mira a la ría muerta de risa y del resto de actividades me quedo con la entrega de los premios anuales que otorga la Asociación de Profesionales de la Comunicación de Avilés y Comarca (APCA), y porque soy socio y colaborador. Muy triste.
Ya para acabar, me queda reseñar una conversación que escuché el miércoles en el centro de salud de Sabugo. Un paciente que leía el periódico esperando a pasar a consulta hablaba acerca del Niemeyer con una mujer que se sentaba a su lado, y decía: "lo mejor que hacían era cerrarlo y dejarnos de historias". Espero que sus palabras no sean proféticas y que el Niemeyer vuelva a ser ese motor generador de ilusión y esperanza para la ciudad que fue hasta la llegada de FAC al Gobierno regional, aunque pintan bastos.

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