
No soy imparcial a la hora de escribir sobre Goyo, lo sé y me importa un pito. Pero para haceros una idea, basta deciros que fuimos compañeros de piso en nuestra etapa universitaria salmantina y, sin embargo, amigos. Y ésa es una palabra que conviene cuidar mucho, administrar con cuentagotas y no malgastar un ápice. Nos vemos de pascuas a ramos y hablamos por teléfono con apenas mayor frecuencia, pero ahí estamos. Él lo sabe y yo lo sé. Son lazos que trascienden al contacto diario y directo. Lo cierto es que lo mismo que me pasa con él me sucede con un puñado de gente a la que, por desgracia, no puedo ver tanto como me gustaría. Sin embargo, a todo ellos les aplico esa palabra sin dudarlo ni un instante. Me acuerdo de ellos, aunque la distancia, los quehaceres diarios y, por supuesto, mi reconocida vagancia, me impidan decírselo. Valgan así estas líneas para deshacer tamaño entuerto y mandarles un abrazo. Si las leen, ellos saben bien quienes son. Os quiero, cabrones.
Sólo te puede decir una cosa. GRACIAS.
ResponderSuprimirComo se suele decir, "ye lo que hay", o también, "lo que es, es" :D
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