Esta gélida mañana tuve la oportunidad de asistir a las ponencias de la presentación del programa 'Impacto académico' de la ONU, primera actividad desarrollada en la cúpula del Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer tras su puesta de largo del miércoles. El moquillo me colgaba cuando llegué a la plaza de Santiago López y la temperatura no invitaba a tomárselo con humor, pero las ganas de ver el complejo y la buena compañía hicieron que el frío pronto pasara al olvido.
Las charlas versaron acerca de tres aspectos, la paz, la educación y los derechos humanos, y contaron con la presencia de personalidades como la bailaora María Pagés, el ex ministro de Cultura César Antonio Molina o el juez (hoy asesor del Tribunal de La Haya) Baltasar Garzón, entre otros. Garzón fue la gran estrella del día, y la conferencia que ofreció una de las más interesantes, aunque a mí, personalmente, la intervención que más me gustó de toda la jornada fue la que ofreció la periodista Ángeles Espinosa en el primero de los paneles.
No aburriré a los astronautas que aterrizan en este planeta con una crónica de las ponencias, que para eso están los periódicos, pero sirvan estas líneas para reflejar mi grata impresión sobre el complejo. No había tenido la oportunidad de visitarlo cuando tuvieron lugar las jornadas de puertas abiertas, y tengo que decir que me gustó mucho. Obviamente, quienes nos acercamos al Niemeyer no pudimos visitar ni el auditorio, ni la torre restaurante ni el edificio de usos múltiples, que siguen en obras, pero el conjunto ya se puede apreciar en todo su esplendor y gana en las distancias cortas. De la misma forma, me gustó mucho el interior de la cúpula, que cuenta con un aprovechamiento óptimo del espacio y parece más grande por dentro que por fuera.
También me sorprendió gratamente la pasarela creada para sortear las vías férreas, la denostada 'grapa'. Tengo que admitir que aún albergo dudas sobre su futura utilidad, pero igualmente confieso que las vistas que ofrece sobre la ría me ganaron para su causa. Por poner algún pero, ni su barandilla ni los botes que pega al paso de los transeúntes ofrecen mucha sensación de seguridad, pero lo tomo como un plus de emoción en el acceso al centro.
La 'grapa' surge del edificio de la antigua pescadería para llevar al transeúnte hasta el paseo de la ría.






Grandes fotos. Y las ponencias muy bien (salvo algún ponente de cuyo nombre no quiero acordarme). Mi favorito, Garzón. Impresionante mensaje el que lanzó desde Avilés.
ResponderSuprimirPero también Ángeles Espinosa (una de las que El País tiene en el "sótano" para los cables de Wikileaks), Matt Goulding (periodista del New York Times) y el diplomático Pablo García Berdoy.
Pero el Centro Niemeyer hay que verlo y tocarlo. Así que todo el mundo a Avilés.
Muy interesante. Menuda mañanita te has pegado, majetón. Oye, ¿quién se atreve a criticar este centro? Me parece a mí que para Avilés va a ser fundamental.
ResponderSuprimirROBER: fue un gran aperitivo para lo que tiene que venir a partir de su inauguración.
ResponderSuprimirGOYO: por raro que parezca, todavía hay quienes lo critican, sobre todo porque no ven los beneficios que puede reportar para la ciudad. Para ellos, no hay vida más allá de la industria, lo único importante son los puestos de trabajo, y no comprenden el plus que supone tener un equipamiento de estas características. Yo no digo que el Niemeyer vaya a ser la panacea, pero me parece incomprensible estar en contra de algo así. Como diría García, el tiempo dará y quitará razones.
Y, Christian, luego estamos los escépticos, a quienes el proyecto nos ilusiona y confían en que el nivel se mantenga.
ResponderSuprimirApuesto por el Centro, pero me gustaría un poco más de sentido común entre los políticos (ya sé que es utopía) y serenidad en el panorama mediático.
Comparto totalmente esas premisas Fernando. Yo, más que escéptico, estoy expectante. Esperemos que no se quede todo en fuegos de artificio.
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